
Las actividades extracurriculares en espacios universitarios desempeñan un papel fundamental en la formación de ciudadanos conscientes y comprometidos con su entorno. A través de experiencias educativas vinculadas al medioambiente, como investigaciones e interpretación de espacios naturales, se fomenta el pensamiento crítico, la responsabilidad social y el respeto por los recursos ecológicos. Estos procesos de aprendizaje permiten a los estudiantes conectar la teoría con la práctica, además de entender la interdependencia entre los sistemas naturales y humanos desde una perspectiva universitaria. De este modo se busca propiciar en los estudiantes un rol activo en la defensa de causas ambientales y sociales, alineando la sostenibilidad y la justicia.
A estos fines, integrantes de la Asociación de Estudiantes de Biología y Biotecnología del Recinto de Barranquitas de la Universidad Interamericana de Puerto Rico coordinaron el 8 de marzo pasado un recorrido en el Bosque Estatal de Toro Negro, guiado por el Prof. Antonio Carro Anzalotta. El bosque, ubicado en Orocovis, Puerto Rico, es un ejemplo vivo del valor ecológico que puede integrarse en contextos educativos. Este ecosistema, caracterizado por su biodiversidad y riqueza hídrica, alberga especies endémicas y provee servicios ambientales vitales como la regulación del ciclo del agua y la captura de carbono. Además de su relevancia biológica, el bosque posee un profundo valor cultural e histórico para las comunidades locales, lo que lo convierte en un recurso clave tanto para la investigación científica como para la preservación del patrimonio puertorriqueño.

Proteger el Bosque Toro Negro requiere más que acciones ecológicas. Proteger este mágico lugar exige una visión de justicia social y ambiental que garantice la participación activa de las comunidades, el acceso equitativo a los recursos y el desarrollo de alternativas económicas sostenibles. Desde esta perspectiva, el bosque no es solo un espacio natural para conservar, sino también un bien común cuya defensa debe estar anclada en el respeto por los derechos humanos, la cultura ancestral y la resiliencia comunitaria frente al cambio climático y a la gestión humana. Iniciativas como la cogestión comunitaria, la educación ecológica intercultural y el ecoturismo justo son ejemplos de cómo puede articularse esta visión transformadora.

Integrar la protección ambiental con la justicia social en espacios como el Bosque Toro Negro ofrece una oportunidad única para las universidades. Esto fomenta la formación de profesionales capaces de abordar los desafíos ambientales desde un enfoque integral, ético y colaborativo. La lucha por la justicia social y ambiental es una misma lucha. El bienestar del bosque y de las personas que lo rodean son inseparables. Esta alianza entre educación, comunidad y naturaleza no solo fortalece el aprendizaje académico, sino que también cultiva un compromiso duradero con la sostenibilidad y la equidad en Puerto Rico.
